Aprendí a perdonar, aprendí a conocer y frenar muchas de mis compulsiones y a controlar tantos de mis impulsos. Aprendí que a veces la mejor manera de cuidar a otro es dar un paso al costado, aprendí a no demandar. Aprendí que siempre piden más quienes menos merecen. Aprendí a extrañar. Aprendí a respetar los tiempos ajenos y acompañar los procesos. Aprendí a esperar. Aprendí a sonreír y a hacer reír a las personas. Aprendí a minimizar problemas que no merecen mi preocupación. Aprendí que siempre vale la pena seguir aprendiendo.
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